Colegio Mayor “Lluís Vives” = convivencia juvenil + interculturalidad universitaria

enero 22nd, 2012 § 0 comments

 Para poder incoar un discurso verídico y pertinente, tendré que partir desde la razón de ser del presente artículo, una razón que consiste básicamente en exponer una visión de la interculturalidad estudiantil de incontestable actualidad. La verdad es que poco a poco, se ha venido generando una nueva corriente social dentro del ámbito universitario, y si nos atrevemos a hilar aún más fino, podríamos hasta adentranos en la propia razón funcional de los sendos Colegios Mayores que salpican los campus universitarios de la ciudad de Valencia (puesto que el ámbito de creación del presente artículo coincide con una habitación del Colegio Mayor Lluis Vives, antiguo y digno exponente de la interculturalidad estudiantil).

 Hablando de la interculturalidad como tal, podríamos compararla con un nuevo género de “corpúsculo” social en cuyas entrañas se acabará gestando el fenómeno de la universalidad. Desde nuestro punto de vista, de los simples estudiantes, éste fenómeno encuentra su máximo exponente en la comunidad universitaria, con especial hincapié en la necesidad de promover un contacto interhumano abierto y tolerante, capaz de alimentarse a base de sus propias integraciones.

 Voy a tomar el ejemplo más obvio, uno que puedo alcanzar desde la experiencia: el Colegio Mayor Lluis Vives. Tengo que reconocer que su postura ha sido siempre una “abierta”, generando desde su composición, estructura y administración interna, la promoción activa de un movimiento integracionista de admirable amplitud. Y es algo profundamente auténtico, ya que puestos a observar su dinámica interna, podemos descartar tranquilamente cualquier inercia en la recepción de sus colegiales. Aquí se sigue un recorrido evolutivo, natural y sincero: todos y cada uno de nosotros estando continuamente moldeados por el proceso de formación como individuos diferenciables y únicos, pero al mismo tiempo  somos incapaces de rechazar una orientación común y ecléctica, la existencia de un vínculo que transcede la mera convivencia y que se acaba convirtiendo en el sentido de pertenecer a algo más que a un edificio, nombre o escudo. Aquí se nos ha garantizado siempre un clima humano favorable, puesto que hemos podido encontrar entre los muros del colegio una verdadera y acogedora alternativa a nuestras familias. Ahora bien, mirando la fenomenología…vale, puede que sea una tipo Gran Hermano, pero si nos detenemos a pensar también en la multitud de personalidades que se han ido criando aquí a lo largo de las últimas décadas y en las formas o actividades multiculturales que se proponen y desarrollan en las instalaciones del Colegio, llegamos a la conclusión de que sería incomprensible echarlo a perder sin más, y rendirlo todo ante el intervencionismo utópico hacia el cual tiende la Universidad, carente de medios, y también de finalidades.

 En el caso del C.M. Lluís Vives, parece que se haya creado un culto a la imagen (probablemente importado de las series norteamericanas), apoyado y sostenido por el origen de cada colegial. Es un proceso bastante sencillo: vienes de Rumanía, te conviertes sin falta en…”el rumano”. Lo mismo pasa con uno de Polonia, de Marruecos, de Italia, o…de Cuenca, Albacete, Castellón etcétera. Así se acaban diluyendo las ansias “nacionalistas”, gracias a la tendencia de homogeneidad existente en el colegio, a través de la cual se producirá la posterior aproximación social entre los colegiales. Aquí no hay discriminación ni etiquetas. Y según este sencillo ejemplo, os podéis hacer una imagen de los días que pasamos juntos, en el mismo sentido de interrelacionar lugares, acontecimientos, caras, idiomas, religiones,  educación, prejuicios, identidades…para luego poder intercambiarlos, solucionarlos y disfrutarlos con la destreza juvenil que nos caracteriza. La verdad es que con ésta realidad nos sentimos muy a gusto. No deja de ser una realidad microscópica, limitada, pero hemos conseguido hacerla nuestra, nos la estamos asumiendo y podemos hasta identificar e intuir a través de ella, la macro-realidad de España, de Europa, y del mundo entero. Aquí, en nuestro pequeño cosmos, nos hemos construido las ganas de disfrutarlo todo a nuestro ritmo, y con nuestras medidas.

La interculturalidad se basa en el “trueque”, en el cambio de opiniones, de puntos de vista, de experiencias pasadas o futuras, de conocimientos o de presentaciones de algunas verdades o realidades personales, específicas. Aquí encontrarás siempre una realidad diferente, diametralmente opuesta, impactante, impresionante, que brille en una tarde de estrecha amistad, o durante el sacudir instantáneo del azúcar en la taza de café. Aquí nos hemos dado cuenta de que cada uno de nosotros es único – como entidad humana, como potencial intelectual, capacidad vital y cúmulo de experiencias. Aquí nos hemos conocido y nos hemos aceptado.

 Nos hemos acostumbrado a mirar cada día un grupo de personas que nos atraiga más, a través de las relaciones que ya hemos establecido, pero sin cerrarnos, sin dejar de lado a otras personas, a los potenciales conocidos o los que permanecen en indiferencia. Hemos aprendido a dejarnos sorprender por nosotros mismos, aún cuando nadie lo espera. Hemos conseguido revelar la interculturalidad, la comunicación y la tolerancia desde la perspectiva más sencilla y común del mundo: nos hemos “dado clases magistrales” unos a los otros, y hemos ganado empatía – ese halo de compatibilidad social que les permite a los demás poder alcanzarte. Toda manifestación de interculturalidad presente en Lluís Vives se basa en la vivacidad, en la comprensión y la aceptación del otro. No es lo mismo tolerar que comprender. Tampoco lo será discriminar y diferenciar. Y lo tenemos como mantra. En eso consiste el verdadero núcleo de nuestra convivencia juvenil.

Por eso mismo, decidí escribir mis ansias y exprimir mi memoria para rememorar aquellos remotos latidos que convirtirían, años después, mi tímida llegada al Colegio Mayor Lluis Vives, en una experiencia inolvidable. Un edificio impresionante cuya fachada oculta algo de respeto, algo de alegría, algo de todo: un genuino exponente de la conmixtión de culturas, de sueños y tradiciones. Un lugar dónde todavía se respetan los marcos característicos de la originalidad, el bilingüismo vigente y auténtico – nunca despectivo, el sentido del humor, la seriedad estructural pero también el ocio nacido de un bonito cáos, los gritos, los murmullos, las quejas y las historias de amor: esas paradojas idóneas que convierten una pequeña comunidad sujeta a innumerables cambios, en el punto de partida óptimo para poder sentar las bases de una sociedad ecléctica y sana.

 Estoy aquí gracias a…lo que hubiera pasado; y sigo agradeciéndolo de corazón. Siento que aún quedan cosas por ver,  aún más por hacer, pero bien poca arena en un clepsidra demasiado pequeña para poder conseguirlo todo. Lo que sí que tengo muy claro es que ya puedo mantener mis ojos abiertos. Y es por el lugar, por sus arrugas, por sus écos y suspiros…los que me enseñaron cómo hacerlo. Es la familia que descubrí entre sus muros, el dulce sentido de pertenecer a algo más allá de mi mismo, un algo irrepetible que acabó bordándose en mi corazón como una nana de hilo dorado. Un algo que nunca olvidaré, ni dejaré de querer.

#NOalcierredelVives


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